• Permíteme contarte esta historia, que forma parte de un escrito anterior sobre el mismo comercio. No necesariamente debo mencionar el sitio en cuestión, y lo agradeceré en la comprensión.

Pregunto porque hace un tiempo dejé de ir a un lugar de venta de comida dónde me sentía cómodo, a gusto, pero de pronto, ese sitio tuvo la suerte de sumar muchos clientes y las cosas le estaban yendo muy bien.

Todo era felicidad para los dueños del comercio de comidas, porque por fin estaban viendo resultados y más dividendos, aunque no se daban cuenta que estaban descuidando el trato a los clientes más viejos, y al parecer estos pasaron a un segundo plano. Empezaron a ser vilipendiados.

Claro todo iba viento en popa, cada vez llegaba más personas, y ocupaban esos espacios que hacía años no se colmaban.

Pero aquel trato, tiempo de conversación, hasta el café extra o regalado al final, desapareció, al parecer y así se observaba que cuando yo llegaba al susodicho negocio, al cual dejaba de beneficios todos los días, o casi, unos 350 pesos, no sé, al parecer no eran necesarios para los propietarios que están viendo copado de nuevos usuarios su negocio.

Muy probable, por la ignorancia en el aspecto del ejercicio comercial, ellos (dueños), perdieron uno de tantos viejos clientes que dejaba beneficios seguro a la semana de 2,450 pesos o al mes de unos 9,800.

Pero pregunto; ¿yo costaba esos 9,800 pesos al mes para ese comercio? Yo respondo, no, valía mucho más, porque un cliente con esa asiduidad no sólo deja de beneficios ese monto, va más lejos, hasta puede llegar a comprar el negocio, o instalar uno similar al lado o en frente.

En muchas ocasiones, la gente que administra comercios entiende que la persona que gasta poco es de poco valor, quizás porque está pensando en obtener pingües beneficios de la noche a la mañana, y menosprecia o maltrata a ese cliente, perdiendo más por lo menos.

Los rumores son peligrosos, y un cliente malogrado que gasta su dinero por un servicio es peligroso cuando está indignado, y la bola como en la nieve va rodando y haciéndose más grande cada vez más, hasta llegar el tiempo que esa vorágine de clientes toma un vuelco, y lo que antes fue color de rosas, hoy es un paramo con bayahondas y cactus secos.

Es por eso, que muchos comerciantes se insertan o emprenden en diversas actividades economicas sin ningún rigor, conocimiento, ni preparación en ventas, servicio al cliente y otros, es ahí dónde no saben calcular el valor y la importancia de un cliente, las veces que gasta en su comercio, las veces que va, con quienes va, y como recomienda el lugar.

Dale el mismo valor a quién te va a gastar dinero en tu negocio, sin importar las chancletas, zapatos, franela o el saco con corbata que lleva, el cliente perdido es muy dificil de recuperar, por eso hay un dicho famoso que dice: que debajo de cualquier yagua vieja, sale tremendo alacrán.

Por. Hector Solis.

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