Ariel Henry no volverá a Haití, al menos como Primer Ministro conforme se desprende tanto de las declaraciones del secretario de Estado Antony Blinklen, como de la realidad política y las negociaciones que está llevando el Premier con Canadá y USA.

El Jefe de Gobierno haitiano quedó varado luego de que, al regreso de un viaje imprudente a Antigua y Barbuda en donde “ofreció compartir el poder con la oposición” y a Kenia, a donde llegó para suscribir los acuerdos para el envío de las tropas auspiciadas por la ONU, República Dominicana, en un hecho inusual, le negó permiso de aterrizaje. Henry nunca debió salir de Haití en las condiciones de desobediencia civil y de ataques de las bandas, sufría el país.

Todos los grupos, institucionales y vandálicos, piden en las calles la renuncia de un Gobernante a quien nadie eligió, surgió de una imposición norteamericana tras el magnicidio del presidente Jovenel Moise que dejó a la nación legalmente sin Primer Ministro pues había destituido a Claude Joseph y el propuesto Henry, no había sido ratificado por el Parlamento, órgano que poco después caducó.

Conforme a la Constitución haitiana de 1987 cuando se daba la vacante en la Presidencia, asumía el Primer Ministro y si este faltaba, el Presidente de la Corte de Casación, en ese caso habría sido Jean Jospeh Lebrun, pero la modificación constitucional del 2012 de Martelly, varió esta sabia previsión y generó un vacío, puesto que la violencia ha impedido elegir al Parlamento: En Haití, actualmente no existe por este vacío autoridad legítima, ni siquiera Henry.

Henry quien nunca tuvo apoyo de las organizaciones políticas, luego de prometer a CARICOM elecciones antes del 25 de agosto del 2025, ahora ante las presiones norteamericanas plantea una Comisión Presidencial, solución que no figura en la Constitución vigente y, si algo han probado respetar los haitianos, desde el golpe de Raoul Cedras en 1993, es la legalidad de las formas.

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Un traslado improbable

Por el momento luce improbable que USA traslade a Henry con apoyo militar desde Puerto Rico, en donde acoge al “depuesto gobernante”, puesto que una acción de esa naturaleza generaría el rechazo violento de todos – población y bandas-, en consecuencia, él como en su momento el Sha de Iran, Reza Pahleví, si no se queda en el exilio en USA, está condenado a vagar por países de acogida temporal indefinidamente. Y República Dominicana, no debe ser uno.

De nuevo, en este Estado fallido caracterizado porque el Gobierno no tiene el monopolio de la fuerza, no controla el territorio, ni puede ofrecer a los ciudadanos los servicios básicos, incluida la comida y la seguridad, está entrampado en una de sus principales tara: El complejo sistema semi presidencial de Gobierno, que solamente en la cultura francesa, parece funcionar y no siempre bien.

La comunidad internacional simbolizada por la ONU y la OEA, cansadas del tema haitiano, ofrecen declaraciones rimbombantes de “preocupación” a la prensa, como las emitidas esta semana por el Consejo de Seguridad, que desde luego no resuelven absolutamente nada, que ni ofrecen ninguna solución y, que no son temidas, ni tenidas en cuentas por las bandas, ni los empresarios haitianos que las financian.

El antiguo Club de Amigos de Haití compuesto por Venezuela, USA, Francia y Canadá por igual, luce hastiado: El apoyo mundial – económico y político- a Haití desde 1993 ha sido amplio, continuo y masivo, pero sin resultado alguno, la situación está peor y con menos perspectivas de salida porque se intenta aplicar la misma solución, una que ha probado ser inútil.

Este lunes, para nada en concreto, se reúne el CARICOM, entidad regional que carece de los medios básicos para cualquier ayuda eficaz, pues no tiene instrumentos económicos, de fuerza militar o de influencia política en Haití para proponer o imponer nada.

Pero la mayor dificultad sigue siendo que la ONU, la OEA y USA no entienden que el problema de la patria de Louverture, en este siglo, no es un “gobierno de transición” para ir a elecciones; esa receta ha sido aplicada en todos los escenarios posibles desde 1986 y siempre fracasó. No es posible creer que haciendo lo mismo se obtendrán resultados distintos, sobre todo porque ahora las condiciones son peores.

Parte del problema

La hipocresía internacional, aquella que llevó a la disolución del Ejército haitiano, única institución existente en ese país desde 1804 que ha sido parte esencial del problema de la violencia, debe dar paso al realismo político; se debe entender que el problema en el territorio vecino es que la democracia como sistema político, todavía, no puede funcionar allí por el simple hecho de que ella requiere de instituciones y, la piedra angular de las instituciones republicanas es el ciudadano, no la gente.

Los hermanos haitianos que salieron valerosamente de la esclavitud más inhumada de América, aprecian un solo valor, la libertad. Jamás tuvieron un proyecto de república, todavía no lo tienen, solo tienen el territorio y el derecho a hacer en él lo que les viene en gana y por eso, en él ha constituido la miseria como la principal cuenta del PIB y, se unen, exclusivamente, en contra de la agresión extranjera. En ese orden, las propuestas de solución de instituciones multilaterales y de países que recoge la prensa, tienen un destino, reiterar el fracaso: Haití requiere de un periodo de 20 años para organizar el Estado y crear dos generaciones de ciudadanos, sin partidos políticos ni bandas armadas y, si ese periodo parece largo, sume cuantos años van desde la destitución de Jean Claude Duvalier… Han pasado 36 años y después de todo el apoyo del mundo entero y de múltiples elecciones, está peor.

Pero, por ahora, Henry debe renunciar – ir a su casa, con seguridad, tranquilo – y conforme a lo previsto quedaría, con poca legalidad el Vice Premier, aunque esto sólo sea como quitar la espoleta a una granada, por el momento, no parece que se pueda más pues la Constitución haitiana del 2012, hecha por un cantante, creó un nuevo vacío en el orden de la sucesión que hoy es la fuente del problema.

En Haití, nada, ninguna decisión que se tome, será legal pero algo hay que hacer al margen de la Norma, porque esta vez, ella es parte del problema en una república que carece de Presidente elegido, de Premier bien designado y de Legislativo; el sentido común del derecho comparado ante la imposibilidad de realizar elecciones, indicaría juramentar, provisionalmente, al Presidente de la Corte de Casación, único Poder del Estado que retiene algo de legalidad, en el marco de un acuerdo político para poner fin momentáneo a la crisis.

Por. ANGEL LOCKWARD / LD

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