Desde que cae la noche y la temperatura se ciñe en las hojas brillantes de los árboles que abrazan la plazoleta José María Cabral y Luna (Parque de Los Burros), lo opuesto a lo impoluto de la sociedad tienen acción en el lugar ideal.

Jovencitas, adultas y mujeres maduras hacen sus ofrendas al buen postor de sus adornados cuerpos rociados del aroma asequible de la miscelánea más cercana la cual es pagada en cuotas consensuadas.

Allí gana el apurado buscador de placeres efímeros, el desahuciado sentimental que con poco capital ha encontrado en estas cortesanas sociales el desahogo o embeleso que no se atrevieron a hallar en otras que pudieron vivir alguna vez en un hogar.

Maltratadas por la exclusión social en la que se aferraron, divorciadas de cualquier aspecto intelectual, pero con las esperanzas de trabajar para comer o algo calzar, estas mujeres tienen su historia particular, su mundo desigual, pero la realidad es que deciden este oficio para no hacer otra cosa que consideren fatal o punible en esta sociedad, donde ellas no han podido experimentar otra realidad.

No piden literalmente, prefieren cobrar sus servicios o placeres, tratan sus precios y se embaucan en un andar que es difícil como cualquier situación laboral de la cual hay que considerar que esa lucha es una complacencia superficial de la necesidad de dinero lograr.

Cristal Lisbeth es el nombre de pila de una de las féminas que merodean cada día en la mencionada plaza del placer, que llega con su pelo amarillo y visiblemente maltratado por los rayos del sol o la ausencia de cosméticos de calidad, siempre tiene bien sujetada su cartera o bolso, que con su mirada centrada en todo el que a 10 metros de allí pasa, sus ojos se expresan como si una oratoria debiera dar.

Maquillaje sencillo, ropa modesta, con un pantalón corto que hace ver sus virtudes de una mujer que como otra cualquiera enseña lo que ella considera exaltable de su belleza.

Lisbeth como las demás que ya tienen su territorio marcado y el sitio que a cada una le corresponde ocupar, trata sus ofertas sin distraerse del mundo que fluye y ebulliciona a su alrededor, dejando entrever que su misión más allá de convencer es asegurar su paga para saciar la necesidad.

No sólo en la plaza del éxtasis se hacen las tratas, además aquí participan alcahuetes que también sirven de proxeneta, haciendo llevar a estas chicas a casas de gentes de clase media – alta para ser ofrecidas a comerciantes famosos de la ciudad, abogados, ingenieros, doctores y otras personas que con sus vidas acomodadas buscan de los servicios de intermediarios de lo que popularmente se les conoce como un Chulo para hacer facilitar al cliente de sociedad la trabajadora sexual.

La chica de tez oscura o como muchos dicen, la india, de pocas palabras y con dificultad para enlazar sus palabras con dificultada para completar las oraciones, pudo con mucho insistir de éste escritor, narrar sus acciones en el día a día de sus labores, llegando a decir que sus afanes son comparados con el que hace cualquier individuo que tiene que prepararse para salir de su casa hacia su lugar de oficio, para allí hacer lo que se tiene encomendado puntualizando las responsabilidades.

Ella debe dejar en su hogar dinero con qué su madre poder hacerle un chocolate con pan a su niña de solo 4 años, además confesó decir que su vástago asiste a la escuela y que en ese recinto ella está muy bien, ya que ahí le aseguran varias horas de cuido, alimentación y educación de su más pequeño retoño.

Ante la situación que tienen que abordar estas damas de la noche, frente a la clientela variada que tienen o van a solicitarla, también en este ruedo de esparcimiento que está incrustado entre cuatro calles, Anacaona, José del Carmen Ramírez, 27 de Febrero, y la Estrelleta, allí les acompañan pero de manera separada algunos jóvenes y adultos que han buscado de este lugar para saciar su vicio a las sustancias prohibidas por la ley y las que hacen daño a la salud como drogas de Marihuana, Crack y para el que más ofrece cocaína.

Uno de los chicos abordados de apenas 17 años, comenta que su adicción a la droga es de varios años y que tiene que trabajar en las calles haciendo diferentes oficios, poner cartones a los motores en plazas comerciales, lavar vehículos, hacer mandados, ir a botar basuras, etc. Cosas estas para poder lograr adquirir su narcótico y la comida, especialmente la del medio día, que la consigue en el comedor económico a un módico precio.

Sin la muestra de la vergüenza y tal vez poseído por algún placer fatal de los efectos de algo consumido, este mozalbete quizás está atrapado en un círculo vicioso del que necesitara ayuda profesional, porque sus aspiraciones son monótonas y al parecer solo tiene tres cosas que hacer, dormir que es cosa de la naturaleza del ser humano, trabajar para poder pagar con pocas monedas el vicio y conseguir algo más para cerciorar la comida o el plato del día que lo mantendrá en acción durante el resto de la tarde y la corta noche.

Juancito, el Moreno, nombre que utilizare para proteger la identidad del chico que se desbordo hablando con este periodista y que sin escatimar opto con expresarse para desahogar esas cosas que tal vez entendería que nadie escuchar, pero como dice en una parte del famoso poema Desiderata, ´´Escucha a los demás, incluso al torpe o el ignorante: también ellos tienen su historia. ´´

La realidad es que, la plazoleta del deseo o el éxtasis en San juan de la Maguana, totalmente esta abandona al destino, quizás hoy sea una zona rosa como dirían en Europa, mañana sería el centro más grande de la prostitución y la drogadicción de San Juan, irónicamente orgullo de los entes que tienen decisiones en las manos y no hacen nada con las funciones, que muchas veces he pensado que algunos de estos se benefician de estas meretrices ante su ignorancia al caso.

Por. Hector Solis / 2015

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