Por las calles de San Juan de la Maguana, el paisaje urbano ha sufrido una metamorfosis tan paulatina como voraz: casetas de colores estridentes se reproducen como parásitos, prometiendo una salida falsa a la asfixia económica mientras hunden más a los barrios acorralados por la pobreza. Detrás de cada pantalla que parpadea no hay prosperidad, sino un engranaje sistemático que succiona el pan de las familias más vulnerables. La apuesta dejó de ser un pasatiempo para convertirse en el refugio desesperado de quienes buscan resolver la comida del día o pagar una deuda. La magnitud del saqueo es brutal y perturbadora: en el país se juegan a diario más de 400 millones de pesos, una barbaridad de dinero que se evapora en boletos rotos mientras las bancas se multiplican por miles en comparación con la construcción de escuelas y clínicas.

El descontrol territorial es una aberración social que nadie fiscaliza, llegando al extremo de levantar bancas pegadas a los centros educativos y exponer directamente a los niños a la trampa del juego. Rodeando el Hospital Regional Dr. Alejandro Cabral conviven hasta ocho bancas en una sola cuadra —negociando con la desesperación de los enfermos—, mientras que del Arco al Obelisco y hacia Los Córbanos el panorama es un semillero ininterrumpido. La distorsión es tan grave que la propia Fenabanca ha pegado el grito en el cielo denunciando más de 200 locales irregulares en la zona. Nadie niega el derecho a trabajar, pero hay una pregunta incómoda que nuestra sociedad sigue esquivando: ¿cuál es el costo real de una ciudad donde es más fácil encontrar una banca de lotería que una oportunidad real de salir adelante?

Un pueblo jamás saldrá de la miseria ni echará para adelante a pura suerte; perpetuar esta plaga es condenar a San Juan a financiar su propia pobreza. La única rendija de esperanza para frenar este saqueo cotidiano radica en la nueva ley que planea congelar por 10 años la instalación de nuevas bancas, imponiendo al fin un régimen estricto de regulación y fiscalización. San Juan ya no aguanta una sola banca más ni necesita más ilusiones amarradas a una pantalla. Se requiere con urgencia blindar las aulas de nuestros hijos, recuperar la dignidad de la comunidad y sustituir el espejismo del azar por verdaderos centros de formación y empleos formales.

Por. Héctor Solís.
✆ 𝐀𝐠𝐫é𝐠𝐚𝐧𝐨𝐬 𝐚 𝐭𝐮 𝐖𝐡𝐚𝐭𝐬𝐀𝐩𝐩 𝐞 𝐢𝐧𝐟ó𝐫𝐦𝐚𝐭𝐞 𝐦𝐞𝐣𝐨𝐫: 𝟖𝟐𝟗𝟗𝟖𝟖𝟗𝟗𝟗𝟗

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